Artículo homenaje a Darío Betancourt Echeverry por Arturo Alape

«EN MEMORIA DE UN HOMBRE DE MEMORIA» por Arturo ALAPE (El Espectador, Domingo 15 de Agosto de 1999)

«A determinados investigadores de las ciencias humanas se les ha decretado la pena de la desaparición forzada, el secuestro y la pena de muerte.

Prohibido pensar en voz baja, prohibido pensar en voz alta, prohibido hablar en el aula universitaria, prohibido publicar lo investigado. Se ha vuelto peligroso el oficio de historiar y de interpretar orígenes y desarrollos de mentalidades criminales que rondan con su poder político y económico la geografía del país. Se busca abrir una fosa común para quienes bucean en la memoria histórica contemporánea.

La memoria humana tiene sus misterios que la hacen aparececer como una imagen inatrapable, con su rostro desdibujado. Rostro con la sutileza de lo oculto en sus rasgos. Un mundo de sueños envolventes, traicioneros en sus itinerarios para despistar a sus buscadores. Los sueños son pesadillas, las pesadillas apacibles son sueños cotidianos. La memoria sufre su propia agonía como también su propia muerte. Depende del hombre dueño de aquella existencia. Un dia el dueño de la memoria decide decretar el olvido de su memoria, porque el ser humano sobrevive cuando fabrica el elixir de su desmemoria, para ocultar supuestos yerros humanos de niñez, juventud y adultez.

La memoria también crea la mudez a su propia semajanza: no quiere abrir el baúl de sus secretos, decide, porque la memoria lo decide, irse con sus secretos hasta la sepultura. Cada hombre o mujer preserva como tesoro, la intimidad que en apariencia asoma como destello en la mirada que expresa. Es el dueño de la memoria quien en ultimas decide, por fuerza de su voluntad, decretar la sepultura de sus recuerdos vividos.

Esto debería suceder en un país donde el pensamiento pueda volar libremente, con su memoria y los recuerdos acumulados.

Al historiador Darío Betancourt lo desaparecieron, lo secuestraron porque era un hombre de profunda memoria. En un doble sentido: descifraba y revelaba emociones de experiencias en la memoria de los otros, mientras desarrollaba y acumulaba conocimientos en la suya. Trabajaba con la memoria histórica, como reconstrucción de los datos proporcionados por el presente de la vida social y proyectada sobre el pasado reinventado. Trabajaba con la memoria colectiva que decanta al narrar el pasado y remite a experiencias que una comunidad pueda legar a un individuo o grupos de individuos. Trabajaba con la memoria individual, contrapuesta a la memoria colectiva para llamar al reconocimiento de los recuerdos. Darío era un buceador de la memoria que se conserva en los documentos escritos, un atento escuchador de la memoria oral con todas sus contradicciones en la revelación de la información narrada.

A Darío lo desparecieron, lo secuestraron para romper en su cerebro el hilo y el ritmo de la memoria social histórica en sus investigaciones, lo hicieron como escarmiento social, como una señal de aviso para que no continuara en sus indagaciones históricas. Darío se había metido en las honduras geográficas-humanas, en los orígenes y continuidad histórica de las diversas violencias que se venían y vienen desarrollando en el norte del Valle del Cauca. Un relato de uno de los personajes de sus investigaciones, revela esa continuidad histórica: «Y pensar que ahora me encuentro aquí de cuidandero en una casa de los Urdinola, achacado y enfermo… Hasta hace unos dos años nos reuníamos en bares y cafés de La Unión, Zarzal, La Victoria y El Dovio con muchachos (pollos), que trabajan como sicarios para las mafias y hacíamos comparaciones entre la vida de los ‘pájaros’ y la de los sicarios de ahora. Hay elementos que se mantienen o son constantes, en una y otra violencia, la diferencia es que ahora hay más plata y mejores armas y carros. «Yo pienso que los ‘pájaros’ éramos más frenteros que los de ahora, que no saben bien por qué es que matan, nosotros teníamos un ideal, defender la supervivencia de los conservadores…».

Por qué Darío Betancourt uno de los escogidos y señalados para la desaparición forzada y el secuestro? Existe una razón: historiaba, analizaba, reflexionaba y discutía públicamente sus hallazgos y conclusiones de sus trabajos sobre una historia reciente, dramática en la suma de tantas muertes en masacres y en ajusticiamientos individuales.

La mano del paramilitarismo ha penetrado en los recintos universitarios (Antioquia, Pedagógica Nacional y Nacional de Bogotá).

Surge para acallar las voces críticas y reflexivas sobre nuestro acontecer histórico social.

Cuando se desaparece a un hombre, se quiere borrar de él toda su huella humana; cuando se secuestra a un hombre que piensa, se quiere amordazar la libertad de su pensamiento. Los antiguos compañeros de Darío que conforman la llamada Comunidad Académica (si es que existe) se volvieron autistas ante su desaparición y secuestro. Ellos los dueños de la verdad histórica sobre la guerra y la paz, ellos que tanto pontifican sobre el proceso de paz, enmudecieron de pronto. Temor, miedo? Es una comunidad académica acobardada.

Darío escribió un hermoso texto sobre la memoria: «Todos tenemos imágenes y recuerdos abstractos que son difíciles de encuadrar en recuerdos reales o vividos; muchas veces entramos en un lugar y los objetos, la distribución del espacio, etcétera., nos produce la sensación de que ya hemos estado allí. Pero hay siempre una serie de imágenes abstractas (en el tiempo y en el espacio), que difícilmente corresponden con los recuerdos vividos…».

Querido Darío, esta líneas en tu memoria, se escribieron con la esperanza de que un día no lejano, regreses del sitio de tu desaparición forzada o del sitio inhóspite en que te encuentras secuestrado, para que nos cuentes a tus amigos y alumnos con tu memoria de hombre memorioso, las sensaciones que sentiste en aquellos siniestros lugares de cautiverio para tus pensamientos de historiador, sobre un presente angustioso y lacerante para todos los colombianos. Cuando terminaba de escribir estas líneas, escuché la dolorosa noticia del asesinato de Jaime Garzón, también al humorismo político se le ha decretado la pena de muerte.»

«À LA MÉMOIRE D’UN HOMME DE MÉMOIRE» par Arturo ALAPE
(El Espectador, Dimanche 15 août 1999)

«On a décrété la peine de disparition forcée, la séquestration et la peine de mort pour certains chercheurs en Sciences Sociales.

Interdit de penser à voix basse, interdit de penser à voix haute, interdit de parler dans la salle de classe universitaire, interdit de publier le résultat de ses recherches. Le métier d’historiciser et d’interpréter les origines et le développement des mentalités criminelles qui rôdent avec leur pouvoir politique et économique au sein de la géographie du pays est devenu dangereux. L’on cherche à ouvrir une fosse commune pour ceux qui plongent dans la mémoire historique contemporaine.

La mémoire humaine a ses mystères qui la font apparaître comme une image insaisissable, avec son visage estompé. Visage avec la subtilité du caché dans ses traits.

Un monde de rêves enveloppants, traîtres dans leurs itinéraires pour dérouter ses pourchasseurs. Les rêves sont des cauchemars, les cauchemars paisibles sont des rêves quotidiens. La mémoire souffre sa propre agonie ainsi que sa propre mort. Cela dépend de l’homme maître de cette existence. Un jour le maître de la mémoire décide de décréter l’oubli de sa mémoire, parce que l’être humain survit quand il fabrique l’élixir de son manque de mémoire, pour occulter des supposées erreurs humaines d’enfance, jeunesse et âge adulte.

La mémoire crée aussi le mutisme à sa propre image: elle ne veut pas ouvrir le coffre de ses secrets, décide, parce qu’elle le décide, s’en aller avec ses secrets jusqu’à la sépulture.

Chaque homme ou femme préserve tel un trésor, l’intimité qu’il laisse poindre en apparence comme éclat dans le regard qu’il exprime. C’est le maître de la mémoire qui en dernier ressort décide, par la force de sa volonté, de décréter l’enterrement de ses souvenirs vécus.

Ceci devrait arriver dans un pays où la pensée puisse voler librement, avec sa mémoire et les souvenirs accumulés.

On a fait disparaître l’historien Darío Betancourt, on l’a séquestré parce que c’était un homme de profonde mémoire. Dans un double sens: il déchiffrait et révélait des émotions d’expériences dans la mémoire des autres, tandis qu’il développait et accumulait des connaissances dans la sienne. Il travaillait avec la mémoire historique, comme reconstruction des faits fournis par le présent de la vie sociale et projetée sur le passé réinventé. Il travaillait avec la mémoire collective qui décante en racontant le passé et renvoie à des expériences qu’une communauté peut léguer à un individu ou à des groupes d’individus. Il travaillait avec la mémoire individuelle, confrontée à la mémoire collective pour appeler la reconnaissance des souvenirs. Darío était un plongeur de la mémoire qui se conserve dans les documents écrits, un écouteur attentif de la mémoire orale avec toutes ses contradictions dans la révélation de l’information racontée.

On a fait disparaître, on a séquestré Darío pour rompre dans son cerveau le fil et le rythme de la mémoire sociale historique dans ses recherches, l’on l’a fait comme leçon sociale, comme un signal d’avertissement pour qu’il ne continue pas ses investigations historiques. Darío était allé dans les profondeurs géographico-humaines, aux origines et à la continuité historique des diverses violences qui se développaient et se développent dans le nord du Valle del Cauca. Un récit d’un des personnages de ses recherches, révèle cette continuité historique: «Et penser qu’à présent je me trouve ici, en tant que gardien d’une maison des Urdinola, mal en point et malade… Jusqu’à il y a deux ans on se réunissait dans des bars et des cafés de La Unión, Zarzal, La Victoria et El Dovio avec des jeunes (poulets), qui travaillent comme sicaires pour les mafias et on faisait des comparaisons entre la vie des ‘pájaros’ et celle des sicaires d’aujourd’hui. Il y a des éléments qui se maintiennent ou sont constants, dans l’une et l’autre de ces violences, la différence c’est que maintenant il y a plus d’argent et de meilleures armes et voitures. «Je pense que les ‘pájaros’ nous étions plus capables d’assumer ce que nous étions que ceux de maintenant, qui ne savent pas bien pourquoi est ce qu’ils tuent, nous avions un idéal, défendre la survie des conservateurs…»

Pourquoi Darío Betancourt un des élus et signalés pour la disparition forcée et la séquestration? Il existe une raison: il historicisait, analysait, réfléchissait et débattait publiquement ses trouvailles et conclusions de ses travaux sur une histoire récente, dramatique dans la somme de tant de morts dans des massacres et des exécutions individuelles.

La main du paramilitarisme est entrée dans les enceintes universitaires (Antioquia, Pedagógica Nacional et Nacional de Bogotá).

Elle surgit pour faire taire les voix critiques et réfléchies sur notre devenir historico-social.

Quand l’on fait disparaître un homme, l’on veut effacer toute son empreinte humaine; quand l’on séquestre un homme qui pense, l’on veut museler la liberté de sa pensée. Les anciens compagnons de Darío qui forment la soi-disant Communauté Académique (si elle existe) sont devenus autistes face à sa disparition et séquestration. Eux les propriétaires de la vérité historique sur la guerre et la paix, eux qui pontifient tant sur le processus de paix, sont devenus muets soudain. Crainte, peur? c’est une communauté académique lâche.

Darío  a écrit un beau texte à propos de la mémoire: «Nous avons tous des images et des souvenirs abstraits qui sont difficiles à encadrer dans des souvenirs rééls ou vécus; maintes fois nous entrons dans un lieu et les objets, la distribution de l’espace, etc., nous produit la sensation d’avoir déjà été là. Mais il y a toujours une série d’images abstraites (dans le temps et dans l’espace), qui difficilement correspondent avec les souvenirs vécus…»

Cher Darío, ces lignes en ta mémoire, ont été écrites avec l’espoir qu’un jour non lointain, tu reviennes de l’endroit de ta disparition forcée ou de l’endroit inhospitalier dans lequel tu te trouves séquestré, pour nous raconter à tes amis et élèves avec ta mémoire d’homme mémorieux, les sensations que tu as ressenties dans ces sinistres lieux de captivité pour tes pensées d’historien, sur un présent angoissant et déchirant pour tous les colombiens. Quand je finissais d’écrire ces lignes, j’ai entendu la douloureuse nouvelle de l’assassinat de Jaime Garzón, on a décrété la peine de mort à l’humour politique également.»//

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